pero ella me pulveriza los ojos
como una rosa.
La pierdo,
practico una mueca al cruel destino,
una entrevista con mi subconsciente
(aquel genio verdad).
Tiro la botella al mar…
se aleja entre la marea
(Igual ya es tarde).
Pruebo con el telegrama vía espiritual.
El intento de comunicar
es como la historia de payasos sin gracia:
un circo ridículo,
nadie gana.
La respuesta es silencio.
Así me encuentro con el milagro extraño,
la verdad en la tribu,
un nuevo arranque.
Sigo aquel pacto de amor tan viejo,
en la tierra de los poetas,
en el terreno de los maestros anónimos.

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